Marcha Verde 2017

Orlando Gil

Orlando Gil
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EMPEZARON JUNTOS.- El caso Odebrecht y la Marcha Verde empezaron casi al mismo tiempo el trayecto 2017 y se afanaron todo lo que pudieron, aunque las dos situaciones terminan el período de la misma manera: con las manos vacías. Ni los tribunales ni las calles logran el cometido, a pesar de las muchas expectativas que se originaron a sus alrededores. Odebrecht se pasó de carnaval y a la Marcha Verde le faltó política. Véase si no. Como se sospechaba de las colindancias y de las manipulaciones nacionales, nunca se confió en el trabajo de las autoridades y se consideró más apropiado buscar en las fuentes originales: Brasil y Estados Unidos. Las interioridades de esas diligencias no se conocen, pero los resultados dejaron que desear. Aun cuando se fue a Estados Unidos y se visitó Brasil, y al decir de entonces hubo compromisos. Sin embargo, lo que se consiguió fue tan poco que ni siquiera para una novelita de vaqueros. Una lista de nombres parecida a la de supermercado, pero sin fondos para hacer la compra. Si la investigación dominicana fue insuficiente, la colaboración extranjera hizo todo más difícil y complejo. Como si fuera una maldad…

ENTRE CONTERTULIOS.- Para que Odebrecht y las autoridades brasileñas entregaran “algo”, hubo que firmar un acuerdo, y con ese acuerdo la empresa quedó relevada de pruebas. Aquí se protestó el entendimiento, pues aquí se protesta todo, ya que al final de cuenta otros países procedieron de la misma manera. Sin embargo, no se advirtió en su momento que la revelación de nombres era peor que un regalo envenado. Era y fue una trampa política. Dio identidades de unos, pero igual de otros, y cuando se pusieron sobre la mesa, los platos temblaron, y los cuchillos, cucharas y tenedores se fueron al piso, haciendo imposible el almuerzo. Nadie quedó limpio, y casi igual la responsabilidad del gobierno y de la oposición. Cuando eran simples runrunes, y quizá obra de maldad, fue obvio que ese proceso no podía consagrarse. ¿Cómo podía el establecimiento político ser verdugo de sí mismo? Con razón todos los imputados están en sus casas y se producen unas coincidencias que meses antes eran impensables. Dije ojo al Cristo, y en el descuido el Cristo se quitó los clavos y se apeó de la cruz, y los Evangelios deben escribirse de otro modo. ¿Acaso no se dan la mano antiguos oponentes en relación con las primarias abiertas/cerradas? El templo no es casa de oración, sino cueva…

LA MISMA PELA.- El 2017 no fue tiempo suficiente para el caso Odebrecht ni para la Marcha Verde, y el primero se ventilará en febrero del 2018 y la segunda anunció nuevas acometidas el año que viene. El 2017 también fue fallido, y no exitoso, en la lucha contra la corrupción y la impunidad. Mucha espuma, mucha, pero poco chocolate. Las razones estuvieron y están ahí. Al meter a tanta gente, y gente diversa, Odebrecht quiso complicar las cosas, y ahora declara el Procurador General de la República que la lista de vinculados podría alcanzar la cifra de cien. El país entero. Habría que suponer la intención, pues si no puede con lo poco ¿cómo con lo mucho? Se está en diciembre, resta enero y se avisa de un nublado en febrero. Si la Justicia no avanzó lo suficiente con los políticos, mucho menos cuando involucre a los compadres, o a los vecinos, o a los relacionados de clubes. Es decir que el 2018 pinta otra pela, y posiblemente más dura que la del 2017, pues no debe descartarse que en enero o febrero haya cambios en el gabinete y se produzca una situación de eterno comienzo. Las razones de gobierno siempre serán razones políticas, y la actual administración tendrá que maniobrar, sea que se plantee seguir como declinar. Aunque nadie prepara una fiesta para no bailar y oír la música de lejos…

NO OLI” A PELIGRO.- La Marcha Verde, aunque no se quiera admitir, termina el año 2017 del mismo modo que empezó: con mucho cuerpo y poca cabeza. Con el mismo atractivo de calle, pero escasa dirección. Analicé en su momento los diferentes manifiestos y el lenguaje y los propósitos fueron diferentes, fuera que se expresara en la capital que en Santiago, e igual en San Francisco de Macorís que en La Romana. El señalamiento se hizo, y a tiempo, pero en este país la vanguardia fracasa por arrogante. A pesar de las acometidas, y Odebrecht de bandera rota, el movimiento no arrancó una sola reivindicación al gobierno. Este navegó con indiferencia y vio el mar encrespado como cosa ajena. No podía ser de otro, pues ¿cómo se le responde a una calle o a un parque por mucha que sea la gente convocada o presente? La lucha popular no es nada nuevo, aunque sí existe una diferencia entre el antes y el ahora. Los colectivos tenían nombres y se constituían en interlocutores que eran válidos desde que las autoridades así los consideraban. Se podía hablar, y hacer realidad la vieja expresión de que “hablando se entiende la gente”. ¿Cómo tratar de igual a igual con unos muchachos que era que daban la cara? Como canción de amargue, ese fue el error: nunca olió a peligro…

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