Gaviado en la mata

Orlando Gil

Orlando Gil
orlandogil@claro.net.do
HABÍA QUE GAVEARSE.- Cuando era muchacho en Mao, el adulto que quería beberse el agua o comerse el coco tenía que gaviarse de la mata. Pití no pelaba ni vendía coco. Ese es el cambio, esa es la situación. El dominicano de este tiempo quiere beberse el agua y comerse el coco sin gaviarse de la mata, pero tampoco quiere admitir lo propio. No tiene que gaviarse de la mata porque Pití se lo ofrece en cada esquina, y beberse el agua o comerse el coco es un acto tan humilde que sirve de propaganda política. No hay que quejarse ni alarmarse, pues el dominicano hace de chucumbele sin recordar que él mismito se mató. Con dejar de beber agua y comer coco en las calles, Pití queda sin medios de vida y posiblemente regrese a Haití. Y así puede irse dando en cada oficio o actividad de negocio en que un haitiano sustituye a un dominicano. No es verdad que el dominicano se volvió haragán, o que es menos laborioso que un haitiano. Simplemente subió de rango social, y a algunas tareas le da con el pie. ¿Para qué recoger café o cacao si el haitiano lo hace? Salto cualitativo de la economía, diferente dependencia. Antes era de los mercados, ahora de la mano de obra…

CIUDADANO UNIVERSAL.- El haitiano es más visible que antes, y el hecho tiene diversas explicaciones. Una es que ahora se siente más en confianza, pues cuenta con papeles, y su condición legal lo asemeja al dominicano. No tiene que perderse en los cañaverales ni esconderse en guetos, sino caminar calles de ciudades y ejercer su libertad de tránsito. ¿Quién lo puede parar? No un inspector de Migración, pues esta dependencia le dio el carnet. Tampoco un agente de policía, ya que la apariencia o el ser haitiano no lo hace sospechoso ni culpable de nada. Y menos un Amet. ¿Cómo multar a un hombre de a pie que no viola la luz roja del semáforo ni comete infracciones mayores? El haitiano documentado es un ciudadano universal…

DE UNOS Y DE OTROS.- Una parte de los dominicanos se queja de los haitianos, pero otra parte los defiende por sobre todas las cosas. Es su prójimo favorito y lo ama más que a sí mismo. Cristianismo de colores. Cuando la sentencia del Tribunal Constitucional que desató los miles de demonios por el mundo, hubo que batirse afuera, pero también adentro. Y tal vez adentro fue peor que afuera, pues afuera se atacaba al país, al conglomerado, pero adentro se descalificaba a los titulares de los poderes públicos. Una forma perversa de afectar la institucionalidad del país. El gobierno salió tarde al ruedo y quiso quitarse ese pie del cuello y cedió más de lo posible. Sin embargo, el gobierno sigue siendo malo para los que todavía mantienen las mismas denuncias, e igual para los sectores que objetaron sus políticas migratorias. La administración de Danilo Medina continúa en el bote, y tanto da que reme o se someta al designio de las aguas…

EL OTRO DING DONG.- La situación de ahora resulta de lo más interesante. A la Marcha Verde del domingo, que ya tenía sus consignas, se intenta imponer otras nuevas, como panes recién salidos del horno. Que no solo haya banderas verdes, sino que también se levante y más alto la tricolor, a la que con tanto fervor cantara Deligne. La invasión pacífica y no tan pacífica de haitianos es corrupción, y la displicencia oficial ante el fenómeno la peor impunidad. Nunca será mejor la cuña del mismo palo, pues introducir nuevas consignas, dividir el discurso, e incluso multiplicar los coros, no ayudaría al movimiento. Tal vez podría aumentar el caudal de las calles, pues quien no vaya por una cosa iría por la otra, pero lo que menos necesita la movilización es una confrontación entre iguales en su demostración más crucial. ¿Se habrán puesto de acuerdo para una cohabitación estratégicamente difícil y poco provechosa? Atiendan las banderas, los coros, las consignas…

Tomado del Listín Diario